domingo, 26 de septiembre de 2010

Sobre la psicología del colegial (1914).

Son aquellos errores, transformaciones, éxitos, las primeras miradas a la cultura y el mismo contacto con las ciencias quedan confinadas en los mas profundos rincones de la memoria, aquella etapa entre los diez y dieciocho años que nos remonta al bachillerato, sí, esa etapa en que al nombrar la palabra "colegio" es inevitable no recordar a los maestros, aeullas personas que tanto admiramos es esta etapa, pero que es lo que uno recuerda ¿el contenido de su enseñanaza o la personalidad de estos profesores dignos de admiración?, indudablemente el contenido de esas ciencias no dislumbran mas en nuestras mentes que la misma personalidad del maestro.

Al maestro(a) le coquetiamos, espiamos su mas mínima debilidad, los imaginamos, los admiramos, estudiamos para hacernos dignos de su admiración, nos alegramos cuando nos recuerdan, nos frustramos cuando cometemos algún error en la materia y en el fondo estamos orgullosos de que ellos nos dieran clase. Esos sentimientos de amor y odio, conductas de admiración y de crítica muestran de manera obvia una ambivalencia.

Ahora bien, todas quellas actitudes afectivas hacia otras personas, quedaron establecidas en la infancia. El padre, la madre, los hermanos, tías, tíos o abuelos constituyen los primeros objetos de vínculo, quedando unos imagos que nos hacen recordar esas imágenes idealizadas de las personas, que imagen más idealizada que la del padre, el niño que ama y admira a su padre, el más fuerte y sabio de todos pero que, en la otra cara de la moneda está ese sentimiento hostil, para ocupar su lugar eliminándolo. A eso le llamamos "ambivalencia de sentimientos".

El niño desde la segunda mitad de la infancia empieza a ver el mundo real y pronto se dará cuenta que el padre no es el ideal como lo habia pensado. En esta fase el sujeto se encuentra con los maestros. Acá es donde se transfieren expectativas, amor, odio y admiración a esos objetos que se nos aparecieron no siendo todavía muy maduros.

Los maestros no son más que sustituos de esos primeros objetos de amor, cuya expresión lo podemos en el Complejo de Edipo. De aquí, una explicación válida o que para los amantes del psicoanálisis y esa indescriptible representación se unen, para darle un sentido más lógico a esos tan amados u odiados docentes, unos indiscutibles puntos de referencia para nuestras mentes explicar y decribir que es o fué el colegio para nosotros.

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